Basándonos
en los contenidos vistos durante las sesiones de esta semana, se puede
determinar que dentro de nuestro papel como trabajadoras sociales, la función
de acompañamiento de los procesos de inclusión social es especialmente
relevante.
Nuestra
acción como profesionales que trabajan con colectivos en situación de exclusión
social debería orientarse hacia el cambio, promoviendo la participación de las
personas como protagonistas de su propio cambio pero, además, contemplando el
contexto de la persona y todos los actores sociales que se incluyen dentro del
mismo, como parte fundamental para la consecución de esta transformación.
Las
personas con las que trabajamos no son seres aislados, sino que se encuadran
dentro de un contexto determinado y, como seres humanos, requieren de la
interacción continua con otros. Por esto, es necesario que la inclusión de
estas personas se realice basándose en la participación del resto de personas
que integran la sociedad.
A
pesar de que actualmente existe una conciencia mayor, por parte de la sociedad,
de la necesidad de alcanzar la inclusión de todas las personas, ponerla en
práctica es difícil debido a cómo se organiza el sistema.
Desde
Trabajo Social, si lo que se pretende es trabajar por la inclusión social, se
debería llevar a cabo medidas que la facilitasen, como defender un sistema de
Servicios Sociales públicos y de calidad o potenciar las capacidades de las
propias personas implicadas para luchar contra los obstáculos que se puedan
encontrar y erradicarlos progresivamente.
Por
otra parte, es necesario que la profesión se esfuerce por adaptar su
metodología a las exigencias de estos colectivos y, además, que trabaje por
adaptar la terminología empleada por la profesión a una más inclusiva, dando la
importancia merecida tanto a las palabras como al mensaje, de manera que los términos
empleados se orienten a otros más integradores. Por ejemplo, no es lo mismo
referirse a la “minusvalía” que a la “diversidad funcional”.
Los
principios que deberá seguir la práctica inclusiva de la disciplina de Trabajo
Social serían: el fomento de la dignidad y la autonomía, la no discriminación,
la participación e inclusión, el respeto y la aceptación de la diversidad
humana, la igualdad de oportunidades, la igualdad entre hombre y mujer y el
respeto hacia las capacidades y el apoyo para que estas se desarrollen
adecuadamente.
Para
utilizar la participación social como herramienta para lograr la inclusión
social, es necesario tener en cuenta el equilibrio de poder que se establece
dentro de la sociedad. El sistema está planteado de manera que la distribución
del poder se reparte de manera desigual. La participación, por tanto, debería
estar orientada a reducir estas diferencias, es decir, de forma simplificada,
debería reducir el poder de los/as que tengan demasiado y aumentar el poder de los/as
que no tengan.
En
definitiva, la inclusión social debe basarse en la consideración de los actores
sociales, es decir, tanto las personas directamente implicadas en las
problemáticas como todas las que puedan estar vinculadas desde cualquier
ámbito, como sujetos activos/as, de manera que la gente sea la protagonista de
la acción y nosotros/as, sus acompañantes durante el proceso.
- A. Gonzalo et al. Participación de las personas como herramienta para la inclusión social. Recuperado en: http://www.izangai.org/files/Participacion-como-herramienta.de-inclusion_EAPN-Euskadi.pdf
- ER Diez. Acompañar los procesos de inclusión social. Del análisis de la exclusión a la intervención social. Recuperado en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/tsocial/article/view/47064
- I. de Paz. El Trabajo Social: una apuesta ética para la inclusión social de personas con diversidad funcional. Recuperado en: https://rainbowwritee.wordpress.com/2015/06/22/el-trabajo-social-una-apuesta-etica-para-la-inclusion-social-de-personas-con-diversidad-funcional/
Inmaculada Bujalance Torres.



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