lunes, 5 de marzo de 2018

LA INCLUSIÓN SOCIAL EN TRABAJO SOCIAL


Basándonos en los contenidos vistos durante las sesiones de esta semana, se puede determinar que dentro de nuestro papel como trabajadoras sociales, la función de acompañamiento de los procesos de inclusión social es especialmente relevante.


Nuestra acción como profesionales que trabajan con colectivos en situación de exclusión social debería orientarse hacia el cambio, promoviendo la participación de las personas como protagonistas de su propio cambio pero, además, contemplando el contexto de la persona y todos los actores sociales que se incluyen dentro del mismo, como parte fundamental para la consecución de esta transformación.

Las personas con las que trabajamos no son seres aislados, sino que se encuadran dentro de un contexto determinado y, como seres humanos, requieren de la interacción continua con otros. Por esto, es necesario que la inclusión de estas personas se realice basándose en la participación del resto de personas que integran la sociedad.

A pesar de que actualmente existe una conciencia mayor, por parte de la sociedad, de la necesidad de alcanzar la inclusión de todas las personas, ponerla en práctica es difícil debido a cómo se organiza el sistema.

Desde Trabajo Social, si lo que se pretende es trabajar por la inclusión social, se debería llevar a cabo medidas que la facilitasen, como defender un sistema de Servicios Sociales públicos y de calidad o potenciar las capacidades de las propias personas implicadas para luchar contra los obstáculos que se puedan encontrar y erradicarlos progresivamente.

Por otra parte, es necesario que la profesión se esfuerce por adaptar su metodología a las exigencias de estos colectivos y, además, que trabaje por adaptar la terminología empleada por la profesión a una más inclusiva, dando la importancia merecida tanto a las palabras como al mensaje, de manera que los términos empleados se orienten a otros más integradores. Por ejemplo, no es lo mismo referirse a la “minusvalía” que a la “diversidad funcional”.

Los principios que deberá seguir la práctica inclusiva de la disciplina de Trabajo Social serían: el fomento de la dignidad y la autonomía, la no discriminación, la participación e inclusión, el respeto y la aceptación de la diversidad humana, la igualdad de oportunidades, la igualdad entre hombre y mujer y el respeto hacia las capacidades y el apoyo para que estas se desarrollen adecuadamente.

Para utilizar la participación social como herramienta para lograr la inclusión social, es necesario tener en cuenta el equilibrio de poder que se establece dentro de la sociedad. El sistema está planteado de manera que la distribución del poder se reparte de manera desigual. La participación, por tanto, debería estar orientada a reducir estas diferencias, es decir, de forma simplificada, debería reducir el poder de los/as que tengan demasiado y aumentar el poder de los/as que no tengan.

En definitiva, la inclusión social debe basarse en la consideración de los actores sociales, es decir, tanto las personas directamente implicadas en las problemáticas como todas las que puedan estar vinculadas desde cualquier ámbito, como sujetos activos/as, de manera que la gente sea la protagonista de la acción y nosotros/as, sus acompañantes durante el proceso.



Inmaculada Bujalance Torres.

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