DÍA 27 DE FEBRERO DE 2018: CARIDAD, JUSTICIA SOCIAL E INCLUSIÓN SOCIAL
La
clase se inicia con la aportación de una compañera que comenta su experiencia
en la educación, siendo una persona con pocos recursos económicos. Al hacerlo,
hace referencia a sus dificultades de acceso a clases para la mejora de
aquellas áreas en las que tenía mayores dificultades.
A
partir de aquí, se inicia el debate sobre si los/as profesionales que trabajan
en contacto directo con personas deben limitarse a cumplir con las horas de
trabajo o involucrase, estableciendo un compromiso político basado en el mundo
que desean construir.
También,
surge la duda sobre si la compensación educativa dirigida a personas con
dificultades en determinadas áreas falla debido al diseño general de la
práctica en las aulas, que únicamente contempla actividades cerradas (es decir,
con las únicas opciones de acertar o fracasar) y no deja espacio a las
actividades abiertas con diferentes posibilidades que únicamente contempla el
éxito de cada una de las opciones. De la manera actualmente planteada, la
práctica educativa no está orientada a integrar a todo el mundo.
Por
último, surge la idea de que todo lo que entendamos como derecho debe estar
garantizado mediante lo público, ya que responde a necesidades sociales y, si
la respuesta es privada, se traducirá, inevitablemente, en la exclusión de
parte de la población que no disponga de los recursos suficientes para acceder,
ya que se busca el beneficio económico, no la universalidad.
A
partir de aquí, se inicia el contenido teórico de la clase, que se orienta
alrededor de la intervención socioeducativa.
En
primer lugar, diferenciamos intervención, que tiene una connotación más
médico-quirúrgica, con la actuación únicamente del profesional de manera
externa, sin participación de la persona y con una visión estática de la
realidad; de la acción, que sitúa a la persona dentro de la actuación y
contempla la realidad como un elemento dinámico ya que depende del contexto, en
el que intervienen diferentes agentes.
Sin
embargo, al actuar, nunca nos situamos totalmente en una postura, sino que
nuestra actuación se basa en la interrelación de dos polos, uno basado en la
intromisión, la injerencia, la intrusión y la coerción, y otro que da más peso
a la mediación la intersección, la ayuda y la cooperación.
En
la acción, no es posible la neutralidad, siempre se actúa a partir de un modelo
con la intención de modificar la realidad.
Estos
modelos de intervención socio educativa que guían nuestra acción son los
siguientes:
- CARIDAD. Se trata de una relación que se establece entre personas más acomodadas (disponen de algo que otros/as necesitan) y personas necesitadas, basada en la voluntad de las primeras, que no esperan nada a cambio, con la intención de paliar en cierto modo las necesidades de las personas. Sin embargo, la solución a estas necesidades no se considera un derecho. Las posibles motivaciones que conducen a actuaciones caritativas pueden ser la compasión, alcanzar prestigio social o conseguir la salvación en el caso de la religión. Algunos ejemplos de actuaciones caritativas serían: recogidas de alimentos, donaciones de sillas de ruedas para personas con diversidad funcional…
- JUSTICIA SOCIAL. Consiste en la responsabilidad del Estado e Instituciones públicas de paliar las necesidades de las personas con dificultades. Esta responsabilidad pública supone la base del Estado del Bienestar y el punto de partida para la aparición del Trabajo Social, ya que las personas tienen derecho a que se cubran sus necesidades. Esto conduce a añadir, a las acciones asistenciales, otras educativas y formativas, llegando así a la profesionalización de la intervención. El objetivo de este planteamiento es conseguir una mayor cohesión social, evitando así que se produzcan conflictos sociales. Ejemplo de actuaciones de justicia social podría ser, dentro de la diversidad funcional, solucionar las barreras arquitectónicas, las prestaciones para la dependencia… Así como también facilitar la residencia para los refugiados.
· INCLUSIÓN SOCIAL. Se diferencia de la justicia social dado que en la justicia social solo se actúa sobre el colectivo con necesidades, mientras que la inclusión social se dirige en sus actuaciones a toda la población, con el objetivo de sensibilizarla. Ejemplos de inclusión social pueden ser: personas con diversidad funcional estudiando en colegios con personas sin diversidad funcional, trabajando sobre las que no se encuentran en esta situación para normalizar la situación; que la mayoría de población conozca el lenguaje de signos y sepa comunicarse mediante el mismo…
De
estas aportaciones podemos reflexionar sobre cómo se ha evolucionado desde la
caridad hasta ahora, de manera que cada vez las personas son consideradas menos
culpables de su situación y sus problemáticas pasan, poco a poco, a entenderse
como problemas sociales que no únicamente les incumben a ellas, sino que en su
normalización e inclusión social deben verse involucrados todas y todos los
actores sociales.
DÍA 28 DE FEBRERO DE 2018: PARADIGMAS
La
clase del miércoles se inicia con la aportación de una compañera que comenta la
experiencia de una amiga que convivió con una niña sorda durante una semana
cuando era pequeña y que, tras este tiempo, solo se comunicaba mediante
sonidos. Con esta aportación llegamos a la conclusión que las personas tenemos
la capacidad de buscar la forma de comunicarnos cuando lo necesitamos.
Además,
se comentó la reclamación existente por parte del colectivo de personas sordas
sobre que se haga referencia al colectivo como personas sordas únicamente, ya
que no son personas mudas, porque se comunican, pese a hacerlo mediante un
lenguaje diferente.
Desde
nuestro grupo desconocíamos hasta este momento la exigencia que existe desde el
colectivo de personas sordas. Para entender mejor la motivación que lleva a
esta puede resultar útil el artículo Sordo,
no sordomudo de la Asociación Prosordos Gregorio Ybarra: http://blogs.vidasolidaria.com/prosordos/2014/03/25/sordono-sordomudo/.
Esto
nos lleva a pensar que, si pretendemos que nuestras actuaciones se guíen por el
modelo de inclusión social, es necesario que conozcamos la situación de cada
colectivo, que comprendamos sus problemáticas y preferencias, y que nos
refiramos a él de la manera adecuada. Pero además, es necesario que se lleven a
cabo medidas que trabajen por este modelo inclusivo realmente. En el caso del
colectivo de personas sordas, una de las medidas más relevantes para trabajar por
su inclusión sería el aprendizaje del lenguaje de signos por parte de la
mayoría de población no sorda, facilitando así sus relaciones sociales.
En
cuanto al contenido teórico, en esta sesión distinguimos entre tres paradigmas
especialmente relevantes dentro de las Ciencias Sociales.
En
primer lugar, el paradigma tecnológico o
técnico se basa en la aplicación de la técnica adecuada. De esta manera, si
una actuación falla, se debe a dos posibles errores: no haber aplicado la
técnica correcta o no haber realizado un análisis científico de la realidad
social de forma correcta. Desde este paradigma, el/la profesional sería neutro/a
(sin posicionamiento ideológico) y su intervención se basaría en un plan
científico para dar solución a los problemas originados en una realidad única y
objetiva.
Por
otro lado, el paradigma interpretativo o
hermenéutico determina que no existe una única realidad posible. No existe
una realidad objetiva, sino que cualquier interpretación que se dé de la realidad
es subjetiva, ya que cada persona es un sujeto diferente con diferentes
percepciones. De este modo, el/la profesional tendría un posicionamiento de
compromiso personal y la intervención daría un peso importante a la calidad de
las relaciones. Lo importante sería la vivencia y no aplicar la técnica
perfecta.
Por
último, el paradigma crítico
establece que existen diferentes percepciones de la realidad debido a que esta
es desigual y las personas se sitúan en ella en posiciones diferentes dentro de
la escala social (mayor o menor dominio). Desde este paradigma, el/la
profesional estaría comprometido políticamente con el mundo que desea construir
y cualquier posición neutra por su parte sería sinónimo de la aceptación de la
situación injusta como real, ya que no la cuestiona.
Desde
la profesión de Trabajo Social, que trabaja día a día de forma conjunta con los
colectivos más oprimidos de la sociedad, consideramos que es necesario que los
y las profesionales seamos partícipes de la lucha contra las situaciones
injustas que viven estas personas. No podemos dejar que el discurso de la
neutralidad y la importancia actual de ser una disciplina considerada
científica nos aleje de nuestra voluntad de transformar el mundo. Nuestro papel
debería ser acompañar a estas personas hasta la consecución de unas condiciones
de vida buenas y justas, es decir, deberíamos servirles de herramienta e
impulso para producir un cambio real en sus situaciones.
Finalmente,
la sesión finaliza con el ejercicio de búsqueda de las competencias educativas
propias de la disciplina de Trabajo Social que deberemos haber adquirido al
finalizar nuestros estudios universitarios. Entre las competencias educativas comentadas
entre todas las compañeras encontramos:
- Que los estudiantes puedan transmitir información, ideas, problemas y soluciones a un público tanto especializado como no especializado.
- Capacidad para trabajar y valorar de manera conjunta con personas, familias, grupos, organizaciones y comunidades sus necesidades.
- Capacidad para apoyar a las personas para que sean capaces de manifestar las necesidades, puntos de vista y circunstancias.
- Capacidad para intervenir con personas, familias, grupos, organizaciones y comunidades para ayudarles a tomar decisiones bien fundamentadas acerca de sus necesidades, circunstancias, riesgos, opciones preferentes y recursos.
- Capacidad para interactuar con personas, familias, grupos, organizaciones y comunidades para conseguir cambios, para promocionar el desarrollo de los mismos y para mejorar sus condiciones de vida por medio de la utilización de los métodos y modelos de Trabajo Social, haciendo un seguimiento con regularidad de los cambios que se producen al objeto de preparar la finalización de la intervención.
- Capacidad para apoyar el desarrollo de redes para hacer frente a las necesidades y trabajar a favor de los resultados planificados examinando con las personas las redes de apoyo a las que pueden acceder y desarrollar.
- Capacidad para promover el crecimiento, desarrollo e independencia de las personas identificando las oportunidades para formar y crear grupos, utilizando la programación y las dinámicas de grupos para el crecimiento personal y el fortalecimiento de las habilidades de relación interpersonal.
- Capacidad para utilizar la mediación como estrategia de intervención destinada a la resolución alternativa de conflictos, en las circunstancias que así lo requieran.
- Capacidad para potenciar a las personas, familias, grupos y comunidades a fin de que sean capaces de resolver las situaciones en las que se encuentren.
Nos
parece que estas competencias demuestran la relevancia de la educación dentro
de la profesión del Trabajo Social como medio para ofrecer a las personas las
herramientas necesarias para que ellas mismas sean las protagonistas de su
propio cambio. La importancia de incorporar elementos educativos entre nuestras
competencias es, por tanto, tener esta capacidad de transmitir conocimientos a
las personas para que ellas mismas se descubran como sujetos capaces de
enfrentarse a sus problemáticas y solucionarlas.
Inmaculada Bujalance Torres.






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