La educación ambiental consiste en la acción educativa permanente por la cual la comunidad educativa tiende a tomar conciencia de su realidad global, del tipo de relaciones que los hombres establecen entre sí y con la naturaleza, de los problemas derivados de dichas relaciones y sus causas profundas.
El conocimiento y difusión de los problemas asociados con la degradación del ambiente y los impactos sociales y ambientales que traen consigo esos problemas (niveles insostenibles de consumo de recursos, políticas desiguales de desarrollo económico, prácticas administrativas inapropiadas...) ha derivado en un intenso debate entre diferentes puntos de vista sobre el estilo de vida de las actuales y futuras generaciones.
La causa de esta problemática se sitúa en la voluntad de buscar el máximo desarrollo, entendido este en términos de bienestar de los individuos, como producto creciente de la posibilidad de acceder a las oportunidades para la satisfacción de sus necesidades, tanto en los aspectos económicos como político y social.
Este modelo de desarrollo demuestra ser insostenible, al centrarse en la explotación de recursos naturales, sin tener en cuenta la presión y ritmo de consumo a la que se ha sometido al medio ambiente, generalmente, ha sido superior a su capacidad de regeneración.
El freno a la situación actual y a las problemáticas ambientales actuales pasa, por tanto, por el cambio de modelo de desarrollo.
De esta manera, el reto de la educación social y de la educación ambiental será el de promover una relación de la sociedad con la naturaleza que permita procurar a las generaciones actuales y futuras un desarrollo personal y colectivo más justo, equitativo y sostenible, que sea capaz de garantizar la conservación del soporte físico - biológico sobre el que se sustenta.
El desafío consiste en conseguir una educación que promueva la acción social, educativa y ambiental, a través de un conocimiento más amplio y un análisis crítico de los problemas socio-ambientales y su relación con los modelos de gestión y las acciones humanas.
De esta manera, la educación social debe orientarse a perfiles educativos que primen el aprendizaje dinámico a lo largo de la vida de las personas.
En cuanto a las competencias de la persona que dirija la educación social, estas deberían ser:
En cuanto a las competencias de la persona que dirija la educación social, estas deberían ser:
- Saber reconocer los bienes culturales de valor social.
- Dominar metodologías educativas y de formación.
- Capacidad para la difusión y gestión participativa de la cultura.
- ...
La educación, si lo que se pretende es potenciar la Educación Ambiental, debe traspasar el ámbito de la educación reglada, llegando hasta el marco del desarrollo socioeducativo de las personas y los colectivos, mediante la educación no formal.
Mediante la educación no formal, en este caso, surgirá la necesidad de formar a las personas en valores que potencien el respeto a las naturaleza, pero también la importancia de la naturaleza social y cultural del medio ambiente.
Si entendemos la Educación Social como el conjunto de intervenciones socioeducativas que pretenden el desarrollo sociocultural, individual y colectivo de los sujetos, proporcionando conocimientos que faciliten y promuevan la adaptación de las personas a su entorno y que les permitan, en un futuro, ser capaces de desarrollar acciones emancipadoras para la mejora socioambiental de la comunidad. Del mismo modo, debe combinarse con la Educación Ambiental para intervenir teniendo en cuenta aspectos educativos y sociales, ya que las personas, los grupos y comunidades los afectados y beneficiarios de las transformaciones en el medio ambiente.
En suma, la Educación Social y la Educación Ambiental deben unirse para desarrollar la intervención educativa socioambiental que tenga en cuenta tanto los aspectos educativos y sociales, contemplando los aspectos ambientales implicados, que siempre se desarrollan en un contexto socio-físico determinado.

Si tenemos en cuenta todo esto, es importante que se pongan en marcha experiencias educativas que fomenten en las personas la adquisición de conocimientos y herramientas que permitan que estas apliquen en sus prácticas cotidianas formas de utilización de recursos más sostenibles, así como que contribuyan al cuidado de la naturaleza de manera activa. Además, los conocimientos no se deben quedar en las personas, sino que estas deben ser capaces de transmitirlo a otras y esta capacidad ha de ser trabajada e impulsada desde la educación, no solo reglada, sino también la no formal.
En definitiva, como siempre, se trata de no imponer el cuidado de la naturaleza o las prácticas sostenibles, ni de que las personas se centren en sus intereses individuales y estos les lleven a cuidar únicamente aquellos recursos de los que sienten mayor urgencia por seguir disponiendo, sino de concienciar a las personas en la importancia de estos aspectos, así como de capacitar a las mismas, aportándoles herramientas que supongan que llevar a cabo acciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente sea más sencillo y tenga mayores consecuencias positivas que no hacerlo.
En suma, la Educación Social y la Educación Ambiental deben unirse para desarrollar la intervención educativa socioambiental que tenga en cuenta tanto los aspectos educativos y sociales, contemplando los aspectos ambientales implicados, que siempre se desarrollan en un contexto socio-físico determinado.

Si tenemos en cuenta todo esto, es importante que se pongan en marcha experiencias educativas que fomenten en las personas la adquisición de conocimientos y herramientas que permitan que estas apliquen en sus prácticas cotidianas formas de utilización de recursos más sostenibles, así como que contribuyan al cuidado de la naturaleza de manera activa. Además, los conocimientos no se deben quedar en las personas, sino que estas deben ser capaces de transmitirlo a otras y esta capacidad ha de ser trabajada e impulsada desde la educación, no solo reglada, sino también la no formal.
En definitiva, como siempre, se trata de no imponer el cuidado de la naturaleza o las prácticas sostenibles, ni de que las personas se centren en sus intereses individuales y estos les lleven a cuidar únicamente aquellos recursos de los que sienten mayor urgencia por seguir disponiendo, sino de concienciar a las personas en la importancia de estos aspectos, así como de capacitar a las mismas, aportándoles herramientas que supongan que llevar a cabo acciones sostenibles y respetuosas con el medioambiente sea más sencillo y tenga mayores consecuencias positivas que no hacerlo.
Inmaculada Bujalance
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